Gran parte de esta nueva generación del Tercer milenio pensó que lo material era todo para sentirse realizado.
Pero luego de alcanzar algunas metas relacionadas con lo económico se siguieron sintiendo tan vacíos por dentro como en el comienzo. Entonces comprendieron que la plenitud del ser humano solo es alcanzada cuando se tiene en cuenta también otros valores como la solidaridad, el compromiso con el otro, las inquietudes espirituales y sobre todas las cosas a la armonía interior.
Vivimos en comunidad eso significa que necesitamos tener comunión con el otro para alcanzar la plena realización humana.
Nos terminamos dando cuenta que el individualismo, el hecho de querer triunfar a cualquier costo no valía la pena.
Es hora de retomar las fuentes esenciales del nacimiento humano y reencontrarnos con esa esencia divina que nos haga sentir de verdad que la vida bien vale la pena, ser los promotores de un nuevo camino de luz y de esperanza a través de la paz y el amor.

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